¡VAS A TENER UN HERMANITO!

PSICOLOGÍA

Psicología en Casa

Por Marína Gómez

Como explicar la llegada de un segundo hijo al primero.

La llegada de un nuevo bebé debería ser una fiesta de serpentinas (una alegría de colores), pero hay que preparar a nuestro único hijo para ser el hermano o hermana mayor. Y esto requiere preparación y adaptación.

Los niños nos necesitan. Nos quieren a su lado cuando bailan, se bañan, comen, tosen y duermen. Necesitan nuestro olor, las palabras, nuestras manos acariciándoles y que le expliquemos el mundo. Precisan a sus padres como el aire, a todo gas, sin medias tintas, dándolo todo y con los sentidos centrados en él o ella. 

En las primeras fatigas de la madre, de ataques de sueño descontrolado y de las faltas de la regla, hay que destronar al rey/reina para hacerle saber que a palacio vienen nuevos cortesanos. Que compartir a mamá y papá va a ser como el “cena, baño y sueño”, de obligado cumplimiento. La llegada de un nuevo bebé debería ser una fiesta de serpentinas (una alegría de colores), pero hay que preparar a nuestro único hijo para ser el hermano o hermana mayor. Y esto requiere preparación y adaptación.

Sobre cómo comunicárselo (cada maestrillo tiene su librillo), lo que funciona en unos puede que en otros no. No existen fórmulas mágicas, pero, según la psicóloga infantil Gema Benito, tenemos que buscar un momento adecuado, en el que todos estemos tranquilos, y con tiempo suficiente para que el niño/a pueda hacer las preguntas que le vayan surgiendo. La comunicación tiene que ser clara y honesta, y sobre todo que sean los padres los primeros en hablarles del tema. Para Gema Benito sería interesante incorporar al peque en el proceso, por ejemplo, acompañando a los padres a alguna ecografía, ayudando a buscar un nombre para el bebé o echando una mano en los preparativos de la habitación. Tiene que sentirse parte del equipo.

Desde mi punto de vista, es esencial el manejo de las expectativas que generamos en los hijos mayores sobre el bebé. En ocasiones los padres caen en el error de explicarles que será un amigo con el que jugar, alguien con quien compartir. Y aunque esto será así en un futuro, la realidad es que cuando llega el bebé no hace nada. Entonces, para el niño, es como si le hubiéramos mentido. Su nuevo hermano no es divertido y no entiende por qué no juega con él. Sin embargo, lo que ve, lo que experimenta y lo que siente es que le roba tiempo, juegos y atenciones de su mamá. Y por tanto lo percibe como una competencia.
Cuando se les explica que van a tener un hermano es preferible mantener las expectativas adecuadas. Sería adecuado contarle cómo son los bebés (pequeños, delicados, ni hablan ni tienen dientes para comer), qué es lo que hacen (principalmente duermen y comen), cómo se comportan (no juegan hasta que son más mayores), qué es lo que necesitan (mimos, palabras suaves) y cómo lo suelen pedir (como no saben hablar lloran a borbotones). 


En consulta siempre tengo preguntas del tipo ¿qué hago para que mi hijo no tenga celos? Yo les explico que los celos son algo normal, que no hay que evitarlos, solo hay que apoyar a los niños y guiarlos en el camino de una transición. Cuando los niños sienten miedo o incertidumbre ante la nueva situación no hay que ignorar el sentimiento, hay que validarlo y escucharlos. Es posible que el peque se sienta perdido, no sepa cuál es su lugar y no sepa cómo expresarse, por eso es importante que dentro de nuestras posibilidades sigamos manteniendo las rutinas y actividades que hacíamos antes, esto le aportará seguridad. Los celos son parte del repertorio emocional de las personas, sentirlos se considera dentro de la normalidad. Los celos infantiles se dan por la necesidad de atención, amor y cuidados que necesitan a todas horas. Son por tanto una emoción que aparece como resultado de temor que se instala ante la idea de ser abandonado o sustituido por un tercero y de perder ese amor y atención que hasta entonces le brindaban sin problemas sus padres.


La intensidad con la que se manifiestan los celos tiene que ver con distintos factores: el temperamento del niño, el estilo educativo predominante en la familia y por supuesto la edad. Un niño o niña que todavía no tiene adquiridas unas buenas habilidades lingüísticas para poder expresar su malestar emocional es más probable que lo exprese mediante su conducta a modo de rabietas, regresiones, pesadillas, hiperactividad o irritabilidad. Aunque los celos son inevitables, podemos no hacerlos más grandes, así que, debemos evitar: mostrarnos más impacientes e intolerantes con las conductas del hijo mayor, dejarle al margen de los cuidados del bebé, impedir que toque, coja o interactúe con su hermano por miedo a que le haga daño. Evitar también compararle con otros niños y con su hermano, no destacar sus errores, no intervenir en todas las pequeñas rencillas que tienen entre ellos cuando ya son más mayores, y sobre todo no fomentar los juegos competitivos.
Así que, si viene un nuevo miembro a la familia, con talante de destronar… ¡Debéis estar más unidos que nunca!

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