Nina tiene un nuevo hermanito.

PSICOLOGÍA
De repente, entra un nuevo bebé por la puerta de casa y, como por arte de magia, todo su universo conocido se desintegra.

Psicología en Casa

por Marina Gómez

Hoy quiero hablaros de una situación que genera tantas alegrías como preocupaciones, y así me las expresáis. La llegada de un nuevo miembro a la familia. Más allá de todas las preocupaciones que eso pueda generar, de los celos que pueda causar al hermano/s mayores, este artículo va dirigido a todos los adultos que me estáis leyendo, porque, considero que independientemente del manejo de la situación que cada núcleo familiar deba llevar en casa para manejar los conflictos que esto genere, el resto de las personas que están alrededor también podemos poner nuestro granito de arena.

Con relación a la situación de un nuevo miembro en la familia, quiero hablaros de algo que, cada vez que veo me hace pensar. Y me puede llegar a preocupar mucho más que la propia preocupación de los padres sobre los posibles celos de los hermanos. Se trata de una situación muy común, y que hoy he vuelto a ver en la calle. Como siempre he reflexionado sobre la situación, y se me ha ocurrido expresarme por aquí. Porque quiero compartir mi humilde conocimiento sobre el cerebro de los pequeños y cómo manejarlo para que crezcan sanos, sin problemas emocionales, y los padres sin «dolores de cabeza».
Hago referencia a la situación en la que nos encontramos por la calle a una mami o papi acompañado por su hij@ de unos 6,7,8 añitos, agarrando el carrito en el que va montado su pequeño hermano recién nacido (o de pocos meses).
Siempre que nos encontramos en esa situación, lo primero que sale es ir corriendo a asomarnos para ver al pequeño ser que está en ese carrito, y achucharlo (si nos lo permite su estado de consciencia o somnolencia).
Lo que yo suelo hacer, no es eso. De hecho, puedo decir que pocas veces se me ocurre asomarme a ver al pequeño ser que va en el carrito, aún a riesgo de parecer que no me interesa el nuevo miembro de la familia. Repito que hablo de la situación en la que están sus hermanos mayores presentes.
Es más, puede que lo más importante que podemos hacer cuando conocemos a un bebé, es saludar a sus hermanos mayores primero.

Y os voy a contar los motivos, claro:


*Por educación. Al hermano mayor ya lo conocemos, por lo que es de educación saludarlo al verlo, si no, lo estamos ignorando.


*Porque al pequeño recién nacido que va en el carrito, no le importa nada que saludemos a su hermano mayor primero…


*Porque ayudaremos al mayor a sentirse importante en un momento en el que se puede sentir algo inseguro. El nacimiento de un nuevo hermano siempre es momento de debilidad.


*Porque no podemos olvidar que, aunque ahora tenga un hermano preciosísimo… hasta hace pocos días él o ella era el centro de atención y era preciosísimo, lindísimo y graciosísimo. Sigue siendo muy pequeño, y sigue siendo preciosísimo y graciosísimo.


*Porque de esta manera en lugar de sentirse angustiado, lo que puede provocar todo tipo de comportamientos negativos, le damos la oportunidad de que sea él/ella quien nos presente a su hermanito, y así podrá sentirse responsable, importante y satisfecho. Muy distinto. ¿No crees?

Ayudar a los niños a crecer con confianza y una gran autoestima es fácil si sabes manejar las pequeñas situaciones de cada día.

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