Domingo de Resurrección: «Entró también el otro discípulo, …; vio y creyó»

FE SEMANA SANTA

Por José Ramón Verea Acosta

Vuestro amigo y cura

   Hoy «es el día que hizo el Señor», iremos cantando a lo largo de toda la Pascua. Y es que esta expresión del Salmo 117 inunda la celebración de la fe cristiana. El Padre ha resucitado a su Hijo Jesucristo, el Amado, Aquél en quien se complace porque ha amado hasta dar su vida por todos.
   Vivamos la Pascua con mucha alegría. Cristo ha resucitado: celebrémoslo llenos de alegría y de amor. Hoy, Jesucristo ha vencido a la muerte, al pecado, a la tristeza… y nos ha abierto las puertas de la nueva vida, la auténtica vida, la que el Espíritu Santo va dándonos por pura gracia. ¡Que nadie esté triste! Cristo es nuestra Paz y nuestro Camino para siempre.
   El gran signo que hoy nos da el Evangelio es que el sepulcro de Jesús está vacío. Ya no tenemos que buscar entre los muertos a Aquel que vive, porque ha resucitado. Y los discípulos, que después le verán Resucitado, es decir, lo experimentarán vivo en un encuentro de fe maravilloso, captan que hay un vacío en el lugar de su sepultura. Sepulcro vacío y apariciones serán las grandes señales para la fe del creyente. El Evangelio dice que «entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó» (Jn 20,8). Supo captar por la fe que aquel vacío y, a la vez, aquella sábana de amortajar y aquel sudario bien doblados eran pequeñas señales del paso de Dios, de la nueva vida. El amor sabe captar aquello que otros no captan, y tiene suficiente con pequeños signos. El «discípulo a quien Jesús quería» (Jn 20,2) se guiaba por el amor que había recibido de Cristo.
   “Ver y creer” de los discípulos que han de ser también los nuestros. Renovemos nuestra fe pascual. Que Cristo sea en todo nuestro Señor. Dejemos que su Vida vivifique a la nuestra y renovemos la gracia del bautismo que hemos recibido. Hagámonos apóstoles y discípulos suyos. Guiémonos por el amor y anunciemos a todo el mundo la felicidad de creer en Jesucristo. Seamos testigos esperanzados de su Resurrección.
   Hay muchas maneras de mirar al sepulcro vacío y abordar el misterio de la Resurrección. La auténtica es la que nos hace entrar en la muerte de Jesús guiados por la mirada de la fe. Sólo entenderemos la Resurrección si nos preguntamos: ¿Por qué murió Jesús? ¿Por qué entregó su vida? Sólo profundizando en el sentido de su muerte se perciben los signos increíbles de esta vida resucitada. En el fondo, ¿qué es lo que nos pide la fe pascual? Estos dos verbos: ver y creer. Se nos invita a ver el sepulcro vacío, la ausencia de Jesús y a creer en su presencia definitiva, que irrumpe y nos acompaña todos los días hasta el final de los tiempos.
   Por eso ayúdanos, Señor, a redescubrir la vida con los ojos de la fe, a encontrar alegría y significado en las cosas más mundanas.
   Piensa en estos momentos que nos está siendo difícil encontrar a Dios con la tragedia mundial que estamos viviendo, y recemos para sentir que también ahora está a nuestro lado.

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