Mascotas

OPINIÓN

Antonio de Padua Díaz.

En España se abandonan 300 perros cada día. 300 mascotas dejadas a su suerte diariamente. Un animal abandonado cada cinco minutos. ¿Es humano actuar así? Yo afirmo que no. ¿Se es consciente de la responsabilidad que supone tener un perro, un gato u otra mascota en casa? En numerosas ocasiones, a mi juicio, ni se es ni se desea serlo. 

Porque vamos a poner negro sobre blanco algunas cuestiones que deben tenerse en cuenta a la hora de adoptar o comprar un perrito u otro animalillo. La primera es obvia y salta a la vista nada más ver a la criatura: se trata de un ser vivo, y aunque todavía existan ceporros que no lo entiendan, sienten y padecen. Significa esto que, como usted y como yo, tiene una serie de necesidades muy básicas que debemos atender sí o sí al hacernos cargo de un animal: alimentarlo, cuidarlo veterinariamente y amarlo. Sí, quererlo, pues una de las principales necesidades que tiene todo ser vivo con un desarrollo neuronal y celular desarrollado es sentir amor, cariño, llámele como prefiera. Existen excepciones, naturalmente en la raza de los humanos, de ahí los psicópatas y otros asesinos en serie, que, en su extravío cerebral, no sienten dicha necesidad ni son capaces de querer a nadie más que a ellos mismos.

Tener una mascota, sobre todo un perro, supone que usted tendrá que contar entre sus gastos mensuales con un presupuesto para su alimentación; así mismo, deberá prever que anualmente habrá de vacunarla -perros y gatos obligatoriamente-; también tiene que  mantenerla limpia y desinfectada, adquiriendo para ellos los productos debidos en el veterinario o tienda especializada y dándole un baño varias veces al año; si enferma tendrá que llevarla a que lo sanen o curen en caso de accidente o pelea con otro can, por ejemplo; y lo que peor llevan algunos: sacarlo varias veces al día, haga frío o calor, llueva o sople el viento, a no ser que enseñe usted al animal a levantar la tapa del váter y hacer sus necesidades en el cuarto de baño. Y, por supuesto, no sea usted cafre y recoja los excrementos cuando su perro se alivie en la calle.

Añada a todo lo reseñado lo dicho más arriba: una mascota no es un objeto, ni un juguete, ni puede ser un capricho que hoy cojo y mañana suelto. No. El perrito, o el gatito, o el hámster, cobaya, ave o conejito que se le antojó a su niño o niña en Navidad y que usted le compró o adoptó y le regaló por Reyes es un ser vivo y una vez en casa de usted su felicidad solamente depende de su actitud hacia con él. Le aseguro, eso sí que, al menos en el caso de los perros, no encontrará a nadie -a nadie, se lo aseguro, por mucho que lo quiera su familia- que le sea más fiel, devoto y cariñoso.

Y si finalmente, una vez bien reflexionada y sopesada la cuestión, decide meter un animal en su casa, piense que los refugios de las protectoras están llenos de perros y gatos que un día dieron cuanto amor son capaces (infinito me atrevo a decir) y en ellos terminaron siendo abandonados: porque ya eran viejitos, porque el niño o la nena se aburrió del perrito, porque los papás ya se cansaron de tener responsabilidades con el animal, etc, etc. Demasiados etcéteras para denominarse humanos quienes así actúan. No haga usted lo mismo: no compre, adopte, sea responsable y quiérale siempre. Yo tengo cuatro, de la calle recogidos, y no existe más amor más sincero y desinteresado que el de estos individuos, el mejor y más antiguo amigo de los hombres.

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