Homenaje a la Hermandad de Clarines con un Recital de Villancicos Flamencos

MÚSICA NAVIDAD

Redacción/fotos: Dani Figueras.

La Parroquia de San Bartolomé superó con creces su aforo la noche del sábado, veintiuno de diciembre. El público asistente al concierto que llevó por título Cantes para un Nacimiento abarrotó la iglesia de Beas hasta la bandera, llegando a quedarse mucha gente de pie en pasillos y corredores. No era para menos, los que allí nos reunimos pudimos disfrutar de una velada de villancicos flamencos -y alguna que otra bulería- al más alto nivel.

El Alcalde, Diego Lorenzo Becerril, inauguró el evento con un discurso de presentación en el cual dio un breve repaso histórico de la Hermandad de Clarines, entidad a la que el Ayuntamiento -y por ende, todo el pueblo de Beas- quiso homenajear organizando una noche navideño-flamenca en su honor. Asimismo, hizo mención especial al fundador del Belén Viviente, don Antonio Becerril, y a todos aquellos pioneros que se vieron envueltos en su creación y desarrollo posterior agradeciendo a la Hermandad toda su labor desempeñada, en favor de nuestra comunidad, a lo largo de prácticamente cinco décadas.

Seguidamente, cedió la palabra a la actual Hermana Mayor, Juana María Becerril -hija de don Antonio-, la cual agradeció al Ayuntamiento y a todos los presentes la realización de susodicho homenaje en forma de gala flamenca.

Tras sus escuetas pero sentidas palabras, dio comienzo lo que sería una celebración por todo lo alto. Sin tarima, a ras de suelo, tomaron posesión de sus lugares los artistas de la noche, ubicándose -de izquierda a derecha, mirando al escenario- Vicente Gelo, cantaor; nuestro queridísimo Sebastián Cruz, cantaor; José Luis Pérez-Vera, cantaor y pianista; Carmelo Picón, guitarrista; y Roberto Jaén, percusionista.

El concierto comenzó, como mandan los cánones, con una introducción de guitarra ad libitum. Carmelo Picón nos introdujo en las sonoridades jondas y misteriosas de la música flamenca con un toque pulcro, sensible y envolvente que dio paso al primer villancico del repertorio cantado por Vicente Gelo con una voz afillá que traspasaba el alma.

La segunda pieza contó con una introducción de teclado -con sonido de piano- a cargo de Pérez-Vera, el cual, además, cantó como solista mientras se acompañaba de su instrumento, demostrando una pericia y un sentimiento excepcionales.

De nuevo sonó la guitarra en la noche, con cejilla en el cuarto traste y de manera libre, no a compás estricto sino a compás interior, a gusto y placer del ritmo interno que le imprimía Picón (por cierto, haciendo honor a su apellido, realizó unos picados de órdago en su instrumento a lo largo y ancho de la velada). Tras la magnífica introducción, pudimos escuchar un nuevo villancico a compás ternario, tal y como los dos anteriores (fue el ritmo predominante durante toda la velada), esta vez cantado por el portento de Beas, Sebastián Cruz. Cantó con temple, poderío y resolución, matizando y afinando perfectamente todas y cada una de las inflexiones que iba desarrollando con su voz. Sebastián está ganando erudición y, según un servidor, a cada concierto que realiza se le nota más sabio, administrando más y mejor todas sus capacidades y habilidades naturales -que son muchas- como intérprete del cante flamenco. Terminaron todos por bulerías con brío y fuerza, podría decirse, telúrica.

Volvió a cantar Vicente Gelo en el siguiente tema, exhibiendo buen hacer y sentimiento, para dar paso a otro momento intensamente emocionante protagonizado por Pérez-Vera cantando de pie (los demás estaban sentados) volviendo a demostrar una sensibilidad extraordinaria. En general, los tres cantaores, cada uno con su propia idiosincrasia, ponían la piel de gallina cada vez que abrían la boca.

Y la piel de gallina nos puso Sebastián de nuevo en el siguiente villancico, el sexto de la noche, que contó con la tercera y última introducción libre de guitarra. Y aquí fue que se les unió Sebastián junior, el hijo de Sebastián Cruz, para, situado a la izquierda de su padre, tocar palmas con el quinteto hasta el final del concierto. Daba gozo verlos juntos.

Mencionar, también, el trabajo de Roberto Jaén, que sostuvo y espoleó al resto de sus compañeros de escenario imprimiendo un ritmo constante, discreto y poderoso al mismo tiempo, sabiendo estar musicalmente en cada momento sin dar golpes innecesarios a su kit de percusión.

Para finalizar, el quinteto-sexteto obsequió a todos los presentes con un soberbio y vigoroso final por bulerías en el que intervinieron los tres cantaores (Gelo, Cruz y Pérez-Vera, por este orden), turnándose entre falseta y falseta de Picón.

Como no podía ser de otra manera, el público terminó en pie aplaudiendo a rabiar y ovacionando a los artistas.

En resumidas cuentas, Cantes para un Nacimiento resonará en nuestras retinas, oídos y corazones durante mucho tiempo

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