Sábado Santo : «No está aquí, ha resucitado»

FE SEMANA SANTA

Por José Ramón Verea Acosta

Vuestro amigo y cura

(Vigilia de Resurrección)

   Hoy, en el Evangelio de la Vigilia pascual, late un gran dinamismo: dos mujeres corren hacia el sepulcro, un terremoto, un ángel hacer rodar la piedra, unos guardas asustados caen como muertos. Y Jesús, vivo y resucitado, se hace compañero de camino de aquellas mujeres…
   Las mujeres son las primeras en experimentar la resurrección de Jesús, y esto sólo viendo el sepulcro vacío y al ángel que les anuncia: «Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado; no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho…» (Mt 28,5-6). Son también las primeras en dar testimonio de su experiencia: «Id enseguida a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado’» (Mt 28,7).
   Enseguida creen. Pero su fe es una mezcla de miedo y de alegría. Sentían miedo por las palabras del ángel, con un anuncio que va más allá de las expectativas humanas. Y alegría por la certeza de la resurrección del Señor, porque las Escrituras se habían cumplido, por el inmenso privilegio de la primicia pascual que han recibido. La fe, pues, aún produciendo una gran alegría interior, no excluye el miedo.
   Se van a anunciar aquella experiencia del Resucitado, que han hecho sin haberlo visto. Jesús les premia esta fe y se les aparece mientras van por el camino.
   El centro de toda la experiencia de fe no es en primer lugar una doctrina ni unos dogmas. Es la persona de Jesús. La fe de las dos mujeres del Evangelio de hoy está centrada en Él, en su persona y en nada más. ¡Lo han experimentado vivo y van a anunciarlo vivo!
   Para los cristianos la mañana de Pascua representa el primer amanecer del mundo, la primera mañana, el primer día, la recreación de la historia. Estos dos mil años de cristianismo acontecen en una mañana. No somos el crepúsculo, no somos pos-cristianos, como a veces el desánimo nos lleva a pensar.
   Somos todavía los de la primera mañana. Nuestra vida cabe entera en la primera mañana de Pascua. Todavía es madrugada y cada uno de nosotros, lleno de temor y alegría como los primeros discípulos, vamos corriendo en dirección al sepulcro. Esta es la historia de nuestra fe, marcada por ese acontecimiento central que es la Resurrección de Cristo, promesa de nuestra resurrección.

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