Diego Lozano: «Por muy lejos que te traslades, es imposible dejar de ser beasino: Uno puede irse, pero no hacerse»

PERSONAS

En la revista mensual que acabamos de lanzar estrenamos una nueva sección dedicada a aquellas personas de nuestro pueblo, que por circunstancias de la vida se encuentran fuera de él. Este primer capítulo lo inauguramos a lo grande, con el periodista beasino Diego Lozano. Hablamos con él y esto es lo que nos contó:

BEAS NOTICIAS (BN): ¿Cuándo y por qué te marchaste?

DIEGO LOZANO (DL): Yo nunca me he marchado. Creo que, ni aún queriendo, podría desvincularme del todo de Beas. Prefiero decir que dejé de vivir a diario en mi pueblo por buscar un futuro de formación y trabajo acorde a mi vocación. En Beas -ni siquiera en Huelva- era posible, por eso salí con 17 años para ser periodista. Me instalé en Sevilla en 1999 y, desde entonces, llevo 22 años pegado a una maleta que no me supone ninguna carga cuando se trata de regresar.

Recuerdo que estudiando en la Universidad volvía todos los fines de semana. Ya después, trabajando en un periódico o en televisión primero, y como personal de confianza en las administraciones después, era más complicado. Sobre todo en mi etapa laboral para el Gobierno en Madrid, por responsabilidad y lejanía. Y ahora que estoy en Melilla, con 200 kilómetros de Mediterráneo y una pandemia de por medio, volver se convierte en odisea.

El periodismo es inestable, más aún si haces comunicación institucional, sujeta a los vaivenes de la política, aunque yo no sea político. Podría haberme funcionarizado buscando estabilidad como hicieron muchos compañeros, pero reconozco que hasta ahora esa idea siempre me aburrió. Me he amoldado a cada momento o circunstancia y -como en la vida- lo que por un lado ganas, por el otro se te cobra. Haber estado en varios sitios o lejos de mi tierra y mi gente puede que haya sido el peaje que he tenido que pagar, pero siempre elegí libremente. En todo este tiempo he mantenido intacto el deseo de reencontrarme siempre con Beas, que es y será mi lugar en el mundo. Es imposible ‘marcharse’ de eso.

BN: ¿A qué te dedicas actualmente?

DL: Desde 2019 trabajo como Jefe del Gabinete del Presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla. La administración pública y sus diferentes áreas es algo que conozco bien desde hace más de 15 años. He trabajado en Empleo, Obras Públicas, Transportes, Vivienda, Ordenación del Territorio, Medio Ambiente, Mundo Rural o Cultura… Pero el reto de estar al frente del equipo de un presidente autonómico, que es algo más transversal y de primera línea, me apetecía. El presidente de Melilla me ofreció esa confianza por mis referencias, sin conocerme de nada, y de momento aquí sigo.

BN: ¿Cuáles son tus estudios y demás formación?

DL: Soy periodista por vocación. Me apasiona la comunicación en cualquiera de sus formatos. Por eso me licencié en Ciencias de la Información y también me hice Máster en Periodismo y Comunicación Digital.

Pero estos quince años en la comunicación institucional y política han hecho que siguiera formándome. Me diplomé en Alta Dirección de Instituciones Sociales por el Instituto Internacional San Telmo; también como Técnico Superior en Orientación Laboral; y como Docente de la Formación para el Empleo, con acreditación de competencias profesionales.

Para conocer mejor el ámbito en el que trabajo, en los últimos años hice mucha formación en administración pública y derecho administrativo. Soy de pensar que nunca aprendemos lo suficiente,

BN: ¿Echas de menos Beas?

DL: Echo de menos estar más tiempo en Beas y con la gente que quiero. Pero mi concepto de Beas trasciende a lo meramente físico. Es algo más profundo y ese Beas que concibo va siempre conmigo donde vaya. Para mí Beas es alegría, solidaridad, trabajo, vecindad, talento, altruismo… Por eso he llegado a echar de menos a Beas estando en Beas, cuando se ha cometido alguna injusticia, ante la crítica malintencionada o cuando se piensa en el interés particular por encima del bien común. Creo que es algo parecido al que echa de menos el Beas de agosto en relación al del resto del año. Todos debiéramos reforzar nuestra parte positiva de buen pueblo; es la que tenemos que echar siempre de menos y reivindicar, tanto estando en Beas como en cualquier otra parte. Quien quiere eso para su pueblo y lo defiende de forma sincera es beasino tanto en Beas como en Pekín.

BN: ¿Hablas a menudo con tu familia y amigos?

DL: Regular. Me considero muy independiente y reconozco que llamo poco. Me basta con saber que mi gente esta ahí cuando la necesito y que pueden contar conmigo cada vez que quieran. Hay gente de Beas con la que no hablo desde hace meses y no por ello me importa menos. Además, no tengo mayor satisfacción que encontrarme con ellos por la calle o reunirnos en algún sitio y tener la misma relación que si nos hubiéramos visto ayer mismo.

BN: ¿Te planteas volver de manera definitiva alguna vez?

DL: No sé mañana, pero por mi profesión es complicado que pueda regresar como cuando era niño. A todos nos toca estar donde podemos desarrollarnos profesionalmente o, en todo caso, en algún lugar cercano. Eso sí: poder volver tan pronto sea posible a Andalucía, a Sevilla, o algún lugar cercano a Beas que sienta como mi tierra, es algo que deseo varias veces cada día.

 

BN: ¿Desde cuando no vienes por Beas? ¿A qué se debió tu última visita?

DL: Estuve recientemente, pero apenas unas horas. Tuve que ir a Sevilla a culminar un tratamiento dental y pasé a ver a la familia un día antes de volar de vuelta. Otras veces que viajé a Sevilla no pude pasar por Beas por las restricciones de movilidad. Pero la última vez que me quedé una temporada fue en Navidad, unos días que me supieron a gloria. Y eso que apenas salí de Clarines, que es otro de los sitios en los que más a gusto me siento.

 

BN: ¿Qué añoras más de tu tierra?

DL: Sobre todo a las personas. Siempre digo que una tierra son sus gentes. Pero también la luz, no hay otra igual. Los sonidos, tan diferentes a los que percibo aquí. El olor a pan tierno o tierra mojada. Y su sabor: cuando pruebo la comida de mi madre soy consciente de que por fin estoy en casa.

BN: ¿Se valora más Beas cuando estás lejos?

DL: La verdad es que para mí no; precisamente por lo que decía antes. Yo valoro igual mi pueblo tanto si vivo en él como si no. Me apenaría que alguien tuviera que salir de Beas para valorarlo. Escribía Antonio Machado que “se canta lo que se pierde”, pero es evidente que la frase no sirve para Beas. Somos un pueblo que cantamos lo que tenemos, que buscamos ensalzar nuestras muchas virtudes aunque a veces no lo consigamos del todo. El día que valore más Beas por estar lejos le daría la razón a Machado, porque sería como admitir que he perdido mi origen para siempre. Y eso, como ya dije, para mí es imposible.

 

BN: ¿Hablas de tu pueblo a tus nuevos amigos?

DL: He tenido amigos o compañeros de trabajo que, aunque nos hemos visto a diario, no sé de dónde son. Yo no lo concibo: por eso no hay una sola persona con la que me haya relacionado fuera de Beas que no sepa de dónde vengo, que no haya oído el nombre de Clarines, o con quien no haya compartido historias de los días de capeas. De Beas han visto fotos, vídeos, han escuchado sevillanas que les han emocionado o anécdotas verídicas con las que se han reído mucho… No debo haberlo dejado tan mal cuando muchas de esas personas han acabado visitando Beas o muriéndose de ganas de hacerlo. Creo que quienes estamos fuera tenemos que esforzarnos por ser embajadores de Beas, porque también así construimos pueblo.

BN: ¿Qué es para ti Beas?

DL: Beas es ese lugar al que siempre quieres volver. La vida puede llevarnos por muchas ciudades y lugares, pero siempre hay un momento para escapar de la frivolidad y del agobio, de lo que te es ajeno por muy bien que te adaptes o te acojan y echarse a los caminos para hablar con la gente sencilla de las cosas auténticas que de verdad importan: la cosecha, los hijos, el tiempo, la vida, la muerte… Todo eso sólo lo puedes encontrar aquí, donde tarde o temprano casi de una forma natural y necesaria uno termina volviendo: a su pueblo.

Si lo analizo desde el ámbito de la comunicación, vivimos en un mundo excesivamente globalizado. A medida que las tecnologías o los medios van acortando las distancias y rompiendo las fronteras o nos traen cada vez a más velocidad noticias o acontecimientos más lejanos, lo local, lo próximo, lo del pueblo… se hace más necesario. Quizá para tener algo a lo que agarrarnos y no perdernos en el caos, quizá para recordar de dónde venimos y quiénes somos, para no perder la identidad.

Decía Tolstoi: “Si quieres ser universal, habla de tu pueblo”. Y es posible que la mejor manera de ser universales, hoy que cada día somos más internacionales, sea hablar de nuestro pueblo. Esta revista, que habla de lo que realmente nos afecta y nos importa como pueblo, es un perfecto ejemplo de ello. Todo esto es Beas y lo que representa para mí como pueblo.

BN: ¿Cómo estás viviendo la situación de pandemia fuera?

DL: Ha sido, y aún esta siendo, una época dura para todos. Esa sensación de aislamiento sin precedentes la he sentido muy acrecentada en una ciudad que, aunque española, no deja de estar en África. Aquí conviven 86.000 personas de hasta cinco culturas diferentes en apenas 12 kilómetros cuadrados. Vivimos rodeados por una valla de cuatro metros de altura que nos separa de Marruecos, con la frontera cerrada desde hace más de un año. Y en la única zona sin alambre hay un mar que nos aísla de todo lo que sentimos como español. Es asfixiante, porque a veces te sientes en una jaula. Es verdad que todo hemos sentido esa sensación en este tiempo raro de pandemia. Hay muchos abuelos que no han podido ver a sus nietos o padres a sus hijos durante meses aún viviendo a escasos metros, pero cuando las medidas se han relajado han podido retomar ese contacto o incluso, aunque no era lo correcto, han tenido la opción de saltárselas. Aquí si cierran el puerto y el aeropuerto no hay forma humana de salir, y hemos estado así más tiempo que el resto. He sufrido mucho con la idea de que algo pudiera pasar a los míos y que no hubiera manera de estar con ellos, aún queriendo hacerlo. Y haces lo imposible por dejar de pensarlo o te vuelves loco.

BN: ¿Qué o quiénes te preocupan más de esta situación?

DL: Desde la lejanía, he pensado mucho en la gente de Beas, he seguido día a día la evolución de la pandemia tanto o más que la de aquí. Mi máxima preocupación ha sido toda mi familia y la gente a la que quiero. Especialmente, por edad, mis padres, que son un pilar fundamental para mí. Mi hermana, mis sobrinas… Esa independencia que mencionaba me ha servido de poco en esta crisis, porque nos ha hecho a todos más vulnerables y ver la cara del miedo.

He echado mucho de menos, y aún lo sigo haciendo, También ahora a Verónica, mi compañera de vida, gracias a la que he logrado mantener la cordura durante este tiempo de aislamiento en Melilla, y que ahora se ha sumado a los grandes vínculos que atesora Beas para mí.

Pero también he aprendido mucho, y replanteado algunas cosas, como que vivimos apegados al trabajo, a las obligaciones que nos imponemos, a lo que se supone que debemos hacer, a planificar un futuro incierto… Hasta que, un duro golpe como el que aún acecha, te hace descubrir que la vida es otra cosa…

BN: ¿Quieres mandar un mensaje a los beasinos y beasinas que te están leyendo?

DL: Quisiera desear que cuando todo esto pase sigamos siendo esa gente que abraza al prójimo, que responde con humanidad al que sufre, que retomemos la alegría que nos caracteriza… Ojalá ese tiempo nuevo que se aproxima nos haga mejores, más tolerantes, olvidando rencillas o apartando crítica y daño. Que cada uno desde nuestras posibilidades, donde quiera que estemos y cada cual fiel a sus principios, situemos juntos el nombre de Beas en el lugar de privilegio que merece. Ah, y que cuento las horas para abrazarnos de nuevo…

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