Crónica de un sueño en Sevilla

OPINIÓN SOCIEDAD
 
Por Luis Eduardo González y González:
Cuando se cruzan el nombre de Sevilla y el de un torero, la magia del arte taurino hace de las suyas. Sevilla y Ramírez, Ramírez y Sevilla. «Casi ná»: ilusión, sueño, arte, valor, responsabilidad, incluso miedos (los míos)…todas las emociones en el mismo mortero de las especias taurinas, pero con una mezcla especial de sabores y aromas que no se dan nada más que en el coso del Baratillo. Son las emociones e ilusiones que siente un torero que pisa el albero maestrante, las mismas que nos hizo sentir ayer David Ramírez tanto a todo su equipo como a sus seguidores allí presentes. Las que sintió con los pelos de punta y la piel erizada el que os escribe.
 
Comienza la jornada con ganas de levantarse antes que ningún otro día, con las mariposas revoloteando por el estómago desde el alba, sin esperar si quiera a la hora del sorteo de los novillos. Pero todo comenzó con la venida de la primavera, cuando el nombre de Sevilla se mete en la mente de un chiquillo que quiere ser toreo: «que me han dicho que este año podría actuar en Sevilla». Y el universo taurino se te cae encima. Es la cita soñada, es la tarde de la gran oportunidad: cara o cruz, todo o nada. El tribunal de la Roma taurina dictará sentencia. Mientras el torero se prepara concienzudamente, el equipo arranca motores, no hay tiempo que perder: julio se nos encaja en un santiamén.
 
La modestia e humildad de la persona, unida a la carestía de esta profesión, hace que solo cuelgue en la percha un traje de luces que ya va dando todo lo que tenía que dar. Y debutar de novillero sin picadores en Sevilla es como el que hace la Primera Comunión: hace falta un traje nuevo. Los anillos no se nos caen de las manos: Juani lleva buena parte del trabajo adelantado desde el otoño, pera hace falta rematar con otro empujón de euros. Otra rifa, otro pateo de calles: el equipo, la familia, los amigos, la afición…el pueblo de Beas y su torero. Todos a una y casi lo tenemos.
 
Enrique Vera, hijo de la Maestra Nati, pudo coger a mediados del mayo mariano, la aguja y el hilo para coser y bordar la piel que luciría David en el día de su presentación a orillas del Guadalquivir. Azul eléctrico y oro. La liturgia de la vestimenta comienza tras la siesta de los vecinos de la calle Castelar. El hall del Hotel Vincci La Rábida (el de los novilleros) entra en ebullición, tomando el calor de la Sevilla del mes julio, en forma de un ir y venir de cuadrillas, acompañantes y aficionados.
 
El silencio se va apoderando de la habitación 226. El torero detesta la soledad y la falta de conversación, pero el respeto y la seriedad por lo que se viene encima se impone entre los que habitan la estancia. Unos segundos de soledad ante la Capillita itinerante: oración ante su San Antonio Abad, la Virgen de los Clarines y el resto de estampas de Cristos y Vírgenes que le han ido regalando en cada una de sus actuaciones. El chófer de la Escuela Taurina aguarda impaciente con el motor en marcha, a la espera de quitar el freno de mano y enfilar el camino hacia la calle Iris. Pero antes hay un inesperado alto en el camino ante los titulares de la Hermandad del Baratillo.
 
A pesar de ser una novillada sin picadores, la chavalería y la afición abarrotan la entrada al Patio de Cuadrillas en busca de esa ansiada foto o de un apretón de manos a los novilleros actuantes.
La Capilla de La Maestranza, con una imagen antigua de la Virgen del Carmen y con la bendición del Sacedorte que la preside, son los últimos instantes a solas del torero antes de pisar el albero de uno de los más grandes templos taurinos del mundo.
El siniestro sonido del cerrojazo del portón de cuadrillas y los primeros sones de la Banda del Maestro Tejera anuncian la salida de los Hermanos Zulueta, privilegiados alguacilillos que llevan detrás de sus caballos a seis jóvenes cargados de sueños e ilusiones por volver a cruzar, dos horas más tarde, esa misma puerta, pero con los máximos trofeos en la mano. No hay quinto malo. Llega el turno de Fantástico. Hermes Cortés le abre el portón de los sustos a su paisano y llega el momento de la verdad, cuando ya solos se quedan, uno frente al otro, toro y torero.
 
El eral es recibido por David con suavidad, templando el percal por verónicas que arrancan los primeros olés del respetable. Esa misma suavidad con la que se trata al novillo hasta el cambio de tercio de banderillas, la devuelve Fantástico en forma de nobleza. Y David, confiado y entusiasmado con las formas mostradas por su oponente, comienza a dibujar con su muleta una faena llena del temple, de la despaciosidad y de la quietud que lleva por bandera. Grandes momentos con la mano diestra y bonitas pinceladas por naturales que llenan de emoción al público más amante del toreo clásico. La suerte suprema resulta fallida, pero al tercer intento David dejó una estocada casi entera que hizo caer a Fantástico.
 
Como dicen en su Escuela de Utrera, Sevilla se quedó con ganas de verlo otra vez. El público lo despidió con una gran ovación tras el arrastre de su oponente, tanto por sus buenas maneras como por su predisposición. Faltó la guinda, el premio a una faena muy trabajada, pero la impronta torera de David Ramírez queda grabada en La Maestranza.
 
Enhorabuena Maestro, enhorabuena Amigo. Nos has hecho disfrutar de unos momentos únicos y de unas sentimientos jamás vividos. Vivir estos meses previos a la gran cita, pisar contigo el albero y el callejón de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, ha sido lo más grande que nos ha pasado en este loco mundo de la tauromaquia. Atrás quedan varios años de duro trabajo y sufrimiento, porque desde Beas a La Maestranza no se llega por la autopista que se coge en Niebla camino de Sevilla. Hay muchos muros y montañas muy grandes que sortear y más largos que la cuesta de Sanlúcar. Y a veces también se está en lo más bajo de la montaña. Pero el que tiene ganas de ser torero, se levanta cuantas veces sean necesarias.
 
Con auténtica pena sufrimos la ausencia obligada de nuestro Andrechu, que estuvo empujando desde la Bretaña como si estuviera a tu lado en el callejón como en las tardes pasadas. A ver si el jurado nos regala la final y puede verte y acompañarte en su admirada Sevilla.
Gracias Maestro, gracias Amigo.
Has esperado a Sevilla y a Sevilla has complacido. Dios quiera que sea la primera de muchas tardes de gloria. Beas, madrugada tras la celebración de la Primera clasificatoria de las Novilladas de Promoción de la Plaza de Toros de Sevilla 2.025.

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