Cambiar El Mundo

DESDE MI DESPACHO

Reflexiones Desde Mi Despacho

Por Isabel Leñero

Comienza el mes de Septiembre y volvemos de pronto a la cruda realidad: Trabajo, colegios, problemas sin resolver, el mundo que no cambia…

Los pesimistas sufren del síndrome postvacacional y lo ven todo es gris, todo es cuesta arriba, todo pesa, ¡¡¡¡qué mal está el mundo!!!!.

A los optimistas ( como yo) nos da por hacer proyectos, imaginar grandes cosas, ¡¡¡¡cambiar el mundo!!!.

Entre un extremo y otro, están los que yo llamo LOS SILENCIOSOS, los que, día a día, con su labor, con su trabajo, con su esfuerzo y buen hacer cambian de verdad la realidad en la
que vivimos.

En efecto, los optimistas, los que tenemos grandes proyectos e ideas, queremos hacer cosas enormes. Para ilustrarlo gráficamente es como querer hacer crecer en dos días un ÁRBOL
INMENSO, grande y visible por todas partes. 

Creemos que solos podemos realizar grandes proyectos, grandes expectativas que se chocan de bruces con la cruda realidad.

Los pesimistas en cambio, no encuentran una salida, en todo ven un problema irresoluble.
Gráficamente para ellos el campo está sembrado de ABROJOS, de ESPINO, y es imposible hacer crecer algo bonito. Se ven igualmente solos y abandonados.

Para los silenciosos en cambio, hay dos factores fundamentales: La comunidad y la laboriosidad.
Para describir a los silenciosos los compararía con un campo de trigo: CADA ESPIGA POR SI MISMA NO ES NADA, pero en conjunto, EL CAMPO DE TRIGO DA UNA EXTRAORDINARIA COSECHA…

Es más, cada espiga, lleva en sí el germen de otra, si se siembra, vuelve a dar fruto.

Al contrario que los optimistas, no pretenden hacer nada solos, ni hacer algo grande, conocen sus límites, creen en lo que aportan los otros.

A diferencia de los pesimistas, sus límites no los paralizan, no se sienten abandonados, y hacen lo que DEBEN.

Los silenciosos son aquellos que, cada mañana, se levantan y hacen lo que tienen que hacer:
Unos cuidar de su familia, otros hacer bien su trabajo (en una tienda, en una fábrica, en el campo), algunos aportan lo que pueden a la comunidad (participando en la escuela, en el deporte, en las instituciones), otros simplemente acompañan, escuchan, admiran, observan…

Todos tienen un denominador común:

 SU CONTINUIDAD y SU COMPROMISO.
Por eso, para colmar nuestros deseos inmensos de MEJORAR LA REALIDAD EN QUE VIVIMOS, imitemos a los silenciosos, hagámoslo todo en silencio, en comunidad, no dejando nada por detrás, pero haciendo simplemente CADA DÍA lo que TENEMOS QUE HACER.

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